martes, 16 de junio de 2015

Milagro Roldan

TALLER DE NARRATIVAS Y COGNICION
El camino de la escritura
Un relato acerca de la nefasta tarea de comenzar desglosar mi propia NADA

Una mañana, hace algún tiempo atrás, era un sábado como cualquier otro. Nadie podría haber imaginado lo que ocurriría. Nos encontrábamos en la facultad, luego de disfrutar de algunos textos compartidos cuando de pronto, la excelentísima profesora del taller de narrativas compartió la tarea a realizar como finalización del mencionado trayecto (no cualquiera, el penúltimo). Con delicadeza informó a las presentes que debíamos ESCRIBIR (y fue todo lo que escuché) y para tranquilidad de quien ahora escribe ELLA AGREGÓ – Todas las semanas!!!
Madre mía, comenzaron a retumbar en mi cabeza las palabras “corpus… canon…” Como quien escucha “bicho… raro…” Y sí, realmente un canon: al consultar a mis compañeras cada una tenía una voz distinta, todas una versión diferente de lo que, en definitiva se había tornado todo un CUCO de trabajo.
Esquivé la tarea durante un tiempo, esperando que LA CONSIGNA hablase por mí, y la muy guacha decidió jugar conmigo al oficio mudo.
Como buena taurina, decidí que esto no podía ganarme y me dispuse a leer. Leer el dossier… y nada. Leer el grupo de face… y nada. Leer el recorrido que las moscas hacían al pasar cerca, o calcular la pendiente del vuelo de los gorriones que venían a tomar agua a la fuente del patio, o cualquier otra cosa rara que sucediera … pero NADA. Nada de nada… Nadaba en la nada de mi hoja aún en blanco (pero mi mesa rebalsaba de libros, y detrás de ellos, Yo…inmersa en un mar de papeles, citas y notas); con mi gran nada.
El corral protege del lobo… pero también encierra[1] leí, y fue realmente motivador. Feliz por mi hallazgo y por la posibilidad de empezar por fin a delinear ideas, tomé la birome y nada… de nuevo la nada…
Ma. Emilia López muy bien decía “Pensar implica crear una zona de incertidumbre” y yo empecé a dudar si el problema estaba en pensarlo tanto o en que tanta nada, tanta nada, ya había empezado a tomar mis primeras clases de natación en mi propio y exclusivo mar de incertidumbres. Y por otro lado, la zona: Cuál??? Bueno habría sido ubicarla, gps no había a disposición, y los puntos cardinales nunca fueron mi fuerte. De todas maneras en la hoja no encontraba ningún jodido punto de referencia.
Para mi regocijo, día a día veía como mis compañeras subían y subían uno tras otro sus borradores… y yo contemplaba absorta mi página en blanco. Inmaculada como ninguna, sin ningún borrador para mandar… lejos de progresar, involucionaba.
El día de la entrega se acercaba, y mi página en blanco y yo ya éramos ya una sola, una sola desesperación. Nadando en la nada y en las publicaciones del grupo… entre relatos, cuentos y otras yerbas, el face se llenaba de publicaciones casi tan rápido como mi ánimo se diluía en esa gran gran nada.
Recuerdo que recurrí a cuanta fuente de inspiración pasase cerca: desde videos de motivación como “atrévase a soñar” hasta llegar a los grupos de autoayuda. (Sí, en estos casos sirve a veces unir desesperaciones) y con una gran amiga decidimos juntarnos y “acompañarnos a estar solas” Decisión complicada si las hay, ya que o nos hundíamos o salíamos juntas de este mar de nadas.
 Y como suele suceder en estos casos, en que el trabajo debe nacer… una noche de mayo, a horas de la fecha límite, ocurrió el parto… De cola, trabado de hombros, con casi diez kilos por página, después de horas de goteo y maniobras de articulación/acomodación… aunque prematuro, con ictericia, algo desnutrido, y con problemas pulmonales… nació!!!
Como buena madre, lo tomé en mis manos y comprendí lo que Liliana Cinetto con firmeza sostenía. Que “la literatura comienza con las canciones de cuna, … cuando las palabras son puro sonido y están teñidas de afecto … las nanas las canciones de cuna, los juegos de palabras nos miman, nos entretienen , nos cantan y nos encantan[2]
Y acuné, canté y besé a este, no el primero ni el último, pero a este hijo tan esperado, tan deseado como fue MI trabajo de escritura.

Como todas las historias, esta también tuvo un cuasi final, este hijo tuvo que ser dado en guarda a las satíricas profesoras, no sin antes intentar retenerlo, pero a sabiendas que como todo hijo, para crecer necesita ser LIBRE
                                                                               CONTINUARÁ…




[1] Graciela Montes – “realidad y fantasía o cómo se construye el corral de la infancia”
[2] Mesa realizada en las 4º Jornadas Internacionales de Literatura Infantil y Juvenil 2014 - Sede Buenos Aires. Yolanda Reyes, Liliana Cinetto y Raúl Cuevas -"El derecho a morder libros"

1 comentario:

  1. HERMOSA SORPRESA!!!!! Muchas gracias por generar el espacio que me permitió reencontrarme con mi voz .... escrita

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