Proceso de
escritura: Stella Maris Martin
Considero
que mi proceso de escritura del trabajo final del taller de narrativas y
cognición comenzó mucho antes de la confección del primer borrador. Realmente
comenzó con la lectura y organización de los textos seleccionados por las
profesoras, como expresa Jorge Luis Borges “no
me jacto de lo que he escrito, sino de lo que he leído”. Salvando las
diferencias, opino que para poder escribir dicho trabajo, fue necesario leer,
organizar, clasificar, buscar en los textos el significado global e ir
desglosando y resaltando los párrafos más destacados.
Luego
de esta etapa, debí comenzar a organizar ideas y conclusiones que me iban
surgiendo, las cuales fui registrando como notas o como conceptos que guiarían
la escritura.
Lo más difícil fue comenzar, buscar “la punta
del ovillo a desenredar”. Como bien describe Larrosa “(…) Empezar a escribir es crear una voz,
dejarse llevar por ella y experimentar con sus posibilidades (...) Buscas, para
la escritura, la voz más generosa, la más desprendida (…). Sabes que esa
generosidad de la voz y esa libertad de la escucha son el primer efecto del
texto, el más importante, quizás el último. Por eso lo más difícil es empezar
(…)”.
(Larrosa, 2003: 3) Finalmente
decidí hacerlo explicitando la consigna, que se había formulado oralmente en la
clase, y el contexto en el que los libros y la literatura aparecen. De allí en
más la escritura se fue sucediendo.
En el
primer borrador que realicé fui escribiendo todo lo que creía conveniente y
más. Generalmente a la hora de escribir elijo poner todo, explayarme, para
luego, en otra etapa, hacer una “limpieza” (como la llamo yo) del texto. Esto
me resulta más fácil que tener un texto organizado y tener que reestructurarlo
para agregar si falta algo.
De esta
forma fui conectando las ideas con las citas más destacadas para mí, aquellos “recortes”
del texto que más resonaban en mi interior. Esto lo puedo relacionar con lo que
expresa Ma. Teresa Andruetto en “El oficio de escribir y contar historias”[1]
en dónde explica que lo que se cuenta tiene que ver con “una causa del
corazón”, algo que impacta, que tiene una vinculación con algo interno propio
que hace que uno necesite “decir”, según la bibliografía y lo aprendido podría
llamársele a esto “punctum o pinchazo”.
En otra
etapa, comencé con la corrección de errores, redundancias, conectores, palabras
repetidas, con la reestructuración y reescritura de ideas no claras.
Puedo
evaluar que todo este proceso fue muy bueno y muy rico. A medida que iba
escribiendo me invadía una emoción muy grande.
Fue muy
valorable que las profesoras nos acompañaran y respetaran en este proceso, dándonos
el tiempo necesario, extendiendo los plazos de entrega, así como también
corrigiendo y sugiriendo otros puntos de vistas ante cada borrador.
Todo
ello no sólo permitió que aprendiéramos y tomáramos conciencia sobre la
importancia de la literatura, de la selección de textos y de la lectura en voz
alta (conocimientos nuevos que “abrieron mi cabeza” hacia otra mirada, y me
dieron fundamentos para accionar en la sala) sino que también permitió el
aprendizaje y la toma de conciencia sobre la importancia del proceso de
escritura que aquí, en este escrito, se pone de manifiesto.
Hoy,
inclusive luego de haber entregado el trabajo y luego de haber transcurridos
algunos días que hicieron que se internalizara en mí la temática, podría
efectuar más modificaciones al mismo para hacer más viable su lectura.
Este
trabajo me motivó mucho y me dejó muchas enseñanzas. La escritura fue vivenciada
realmente como un proceso que se desarrolló en diferentes etapas hasta llegar
al resultado final.
[1] Ma. Teresa
Andruetto “El oficio de escribir y
contar historias. En: https://www.youtube.com/watch?t=10&v=EAX-GcoYQ4s
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