viernes, 19 de junio de 2015

Romina Pamater

Evaluación en  proceso de la elaboración del Canon Literario para la primera infancia:

Romina Pamater

En la elaboración de mi Canon Literario, he ido desarrollando de manera detallada cómo fue mi proceso para poder elaborar el mismo. Seguramente hay muchos detalles que quedaron al margen y fueron descartados al momento de poder contarlos. Considero este momento evaluativo, como una oportunidad para poder describirlos, reflejando con más claridad el resultado de mi trabajo.

Al comenzar, mis ideas estaban un tanto desordenadas, particularmente mis dudas rondaban en relación a sí había entendido la consigna.

Al finalizar el cursado del taller, me había propuesto leer con bastante antelación los apuntes, me generaba mucho miedo e incertidumbre la defensa de mi trabajo en el coloquio, consistía un nuevo desafío y a la vez una nueva instancia en el ciclo de la licenciatura, especialmente, porque es uno de los últimos talleres que cursaría.

Pero nada de lo que me había imaginado se terminó concretando, surgieron muchas cuestiones que cambiaron la dirección de mi propósito, había otras materias que se superponían e iba priorizando lo próximo que se avecinaba.


Comencé a leer el dossier y a su vez lo interponía con la lectura de los textos/videos que se subían por vía facebook. Fui resaltando las ideas que consideraba más relevantes de cada autor, pero no llegaba a leer todo para la fecha estipulada, y debía comenzar a escribir…escribir…tenía que empezar, pero mi parte neurótica o estructurada no me permitía hacerlo, necesitaba leer, resumir, trascribir lo que resumí y  comenzar a escribir, pero el tiempo no me permitía realizar todo ese proceso de estructura.

Cuando se anunció la prórroga de la entrega del trabajo,  me puse muy contenta, me dije a sí misma “ahora si voy a poder llegar con tiempo, a entregar el trabajo como me propongo a hacerlo”. Pero por una cosa o por otra me costaba concentrarme, creo que lo que más me alejaba de la lectura era la incertidumbre y el desafío de tener que escribir.

Me propuse un día empezar con la escritura, y paralelamente a esto seguiría leyendo los apuntes. Surgió una idea fuertemente al comenzar, pero algo me detenía, no me animaba empezar así, implicaba tener que soltarme y  que me diera vergüenza si debía leerlo en público.

Comencé escribiendo formalmente, con muchas citas, pero no encontraba inspiración en mi escritura, parecían ideas sueltas, sin un hilo conductor, no encontraba las palabras justas, todo era más de lo mismo, borraba, dejaba algunas cosas y volvía sobre lo mismo.

 Hasta que la lectura de un texto del  autor (Jorge Larrosa) me dio la envión necesaria para comenzar a dar forma a esa idea, luego retome una frase que había leído en facebook y decidí empezar de esa manera. Ese fue el momento en que me compenetre y comencé a inspirarme por decirlo de alguna forma, y comencé a escribir realizando tres carillas.

Algunos párrafos de mi trabajo que reflejan y dan cuenta de mi proceso de escritural: “Voy a comenzar este trabajo citando una de las frases que rescaté de uno de los medios de comunicación de este taller,  por el cual me sentí muy identificada al leerla, y me pareció necesario partir desde allí. “Despejar los mechones de inseguridades que tapan nuestra escritura…y dejar volar nuestros sueños (…)”.

 Según Bruner el relato es  “algo más que una gramática narrativa. Está constituido por acontecimientos humanos que se desarrollan en el tiempo; está hecho de situaciones humanas que terminan por modelar nuestra percepción del mundo y que a su vez dependen de las creencias que tengamos de la realidad.

Cuando comencé con  la lectura de la bibliografía aportada por el taller, iban naciendo en mí distintas ideas, pero surgían en momentos insospechados, y cuando me iba a sentar frente a la computadora a escribir, nada de lo pensado resurgía, no encontraba palabras, conectores o una idea de cómo empezarlo. Sin embargo, Jorge Larrosa me motivó para empezar a hacerlo: “Lees lo que has escrito. Tus palabras te parecen ajenas, es decir, que las entiendes o no, que te gustan o no, que estás de acuerdo o no. Como si no fueran tuyas. Aunque a veces consigues que parezcan de nadie, tan de nadie que podría ser de cualquiera, tuyas también”[1]. Este autor expresa exactamente mi estado frente a los primeros párrafos que escribí en mi primer borrador, que por cierto ya no están.

Es preciso reconocer que cada persona lleva dentro  muchos “textos “interiores atesorados a lo largo de su vida y con los cuales fue construyendo una “textoteca”: compuesta por canciones, poemas, cuentos, que guardó en su memoria… y afloran cuando se relacionan con palabras, situaciones, otros textos… estos textos constituyen el piso para que la literatura se convierta en un objeto de uso cotidiano”.

 Pero un hecho desafortunado me impidió continuar con mi trabajo. Una pequeña cirugía en el párpado del ojo izquierdo generó que abandonara por unos días los textos, los libros y facebook, invadida  por el dolor, malestar e incomodidad.

Pero al cabo de unos días, todo volvió a la calma y de a poco fui retomando mi escritura, el tiempo no me alcanzó para poder realizar el trabajo como lo tenía pensado, hubo muchos textos/autores que había señalado cómo importantes pero no pude incluirlos en el desarrollo del canon, me falto realizar la bibliografía y no pude retomar en varias oportunidades la lectura del trabajo terminado  para poder revisarlo con más detenimiento y asegurarme de que sea comprensible y de cuenta de lo que quería comunicar.

Aunque lo más significativo para mi, fue poder comunicarme de forma abierta y pública con mis compañeras, dar cuenta de mi proceso de escritura, los miedos e inseguridades que me invadieron al momento de realizarlo.
Y fundamentalmente lo valioso que resulto este taller para seguir animándome a nuevos desafíos.





[1]   Jorge Larrosa: “La experiencia del lector”.

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