viernes, 19 de junio de 2015

Melina Tustanovsky

U N L
Facultad de Humanidades y Ciencias
LICENCIATURA EN EDUCACIÓN INICIAL Y PRIMERAS INFANCIAS

“Taller de Narrativas y Cognición”
Trabajo final.

Autora: Melina Tustanovsky
Profesora: Angelina Baldengo
                   Viviana Edsberg
Año: 2015
  

Para llegar a esta instancia, fue largo el camino que he recorrido, muchos los obstáculos que se presentaron pero sorprendentes los logros realizados.
Sin lugar a dudas, dar lugar a la escritura, no ha sido una tarea sencilla. El temor de no saber qué decir fue el protagonista en un primer momento, poco a poco se fue transformando en temor de no saber cómo decirlo, pero una vez dicho comenzó a aflorar la incertidumbre acerca de la claridad que tenia aquello que decía. Poco a poco estos temores y dudas fueron mermando, hasta alcanzar el  disfrute y goce de escribir, de expresar, de compartir aquello que tenía que para decir. Sobre todo, se fue el temor de contar con  la certeza de si  era válido o no compartir aquello que pensaba. Fue allí en donde comencé a disfrutar y tener más y más ansias de escribir y reescribir ese torrente de ideas, pensamientos  y sentimientos más o menos claros que iban apareciendo y que poco a poco les iba dando forma, forma de palabra. Con significados más o menos claros, más o menos compartidos, certeros,  pero sin lugar a dudas plenamente honestos.

Allí comenzó una especie de juego en donde las reglas iban siendo formuladas a medida que  relataban aquello que pretendía escribir. Un juego libre de prejuicios, un juego en donde el desafío constante era quebrar esas reglas tan estructuradas y rígidas que yo misma había construido alrededor de lo que pensaba que era escribir, narrar, contar eso que sostenía como válido para que otros lean.
Leerme no era nada sencillo, releerme, luego de unos días después de haber escrito, mucho menos. Pero la puerta ya estaba abierta, ya me había dado lugar para jugar y habilitar expresarme por medio de la palabra escrita. Y así pasaron los días y comencé a jugar cada vez mas liviana, segura, disfrutando de aquello que hacía, sin sentir presiones de ningún tipo y estimulada por el humilde hecho de jugar con mis palabras. Jugar a que esas palabras suenen disparatadas, serías, creíble, descabellada, graciosa, demasiado sincera, y así, y así y así…

En este proceso aparecieron recuerdos, anécdotas, sentimientos, emociones, olores, lugares, personas,  que fueron el motor de mis escritos, que alimentaban una y otra vez cada cosa oración que escribía, cada idea que aparecía.
Sin lugar a dudas fue una experiencia enriquecedora, de mucho aprendizaje y sobre todo, liberadora y placentera a fin de cuentas.

Sin una consigna clara, las experiencias fueron tan variadas como provechosa. Y han dejado,  finalmente,  no sólo un trabajo para la  licenciatura sino un gran descubrimiento y conocimiento personal en torno al acto de escribir, como así también, enormes ansias de continuar haciéndolo.

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