miércoles, 17 de junio de 2015

Maria Virginia Dallafontana

Mi proceso de escritura
Maria Virginia Dallafontana

Nuevamente me encuentro aquí, frente a esta hoja en blanco, con el desafío de escribir ante el pedido de la profesora.
La consigna ahora es contar sobre el proceso vivenciado en este Seminario de Narrativa y Cognición.
Y lo que primero se me viene a la mente son las palabras de Larrosa:
“Escribes lo que has leído, lo que, al leer te ha hecho escribir. Lees palabras de otros,  mantienes con ellas una relación de exterioridad. Te pones en juego en relación a un texto ajeno. Lo entiendes o no, te gusta o no, estás de acuerdo o no. Sabes que lo más importante no es ni lo que el texto dice ni lo que tú seas capaz de decir sobre el texto. El texto solo dice lo que tú lees. Y lo que tú lees no es ni lo que comprendes ni lo que te gusta, ni lo que concuerda contigo. En el estudio, lo que cuenta es el modo como, en relación con las palabras que lees, tú vas a formar o a transformar tus palabras, las que tu leas, las que tu escribes. Tus propias palabas. Las que nunca serán tuyas.
Aíslas lo que has leído, lo repites, lo rumias, lo copias, lo varias, lo recompones, lo dices y lo contradices, lo robas, lo haces resonar con otras palabras, con otras lecturas. Te vas dejando habitar por ello. Le das un espacio entre tus palabras, tus ideas, tus sentimientos. Lo haces parte de tí. Te vas dejando transformar por ello. Y escribes.
Empiezas a describir y otra vez la distancia entre tú y las palabras. Lo que era silencio se ha hecho bullicio. Lo que era luz se ha convertido en balbuceo. Pero quieres ser fiel a aquel instante. No para expresarlo, para fijarlo o para conservarlo: nada que tenga que ver con la apropiación. Tampoco para compartirlo. Todavía no: no puedes compartir lo que no tienes. Ahora estas estudiando y escribes por fidelidad, escribes.”
Y podría seguir citando porque me pareció maravilloso el texto de Jorge Larrosa “La experiencia de la lectura”. El tema es que aquí está el primer punto: las citas. No puedo dejar de citar. Quizá sea porque “nos agarramos” de palabras de otros para decir lo que nosotros queremos decir, porque está escrito tan bien, pragmática, sintáctica semánticamente que qué mejor dicho que en palabras de estos grandes escritores. Tal vez nos estemos subestimando, o tal vez “escribir” no es una tarea sencilla realmente. “Escribir bien” respetando todas las reglas que la escritura implica para que sea clara  y entendible para el lector. Aunque lo que le pasa al lector al leer algo es un asunto muy distinto… y no tiene nada que ver con estas reglas… En fin, realmente este Seminario me hizo reflexionar mucho, como ya he dicho en los trabajos anteriores. Ahora, en este momento, quisiera contar algunas cosas que me han pasado en todo este proceso, en todo el tiempo que duró este Seminario que se hizo bastante largo, pero nunca dejó de ser un desafío, ni de mantenerme expectante, entusiasmada y ansiosa hasta el final.
Una noche haciendo zapping enganché una entrevista a María Teresa Andruetto que le hacía un periodista de C5N en el marco de la última Feria del Libro que se realizó en  Buenos Aires. Con mucho sueño anoté en el margen de uno de los textos que nos dieron para leer en este Seminario (que tenía cerca de mí, y llevaba a todas partes por cierto, por si se presentaba la ocasión, un espacio en blanco, para leer) una frase de esta autora, que ahora encuentro y me vuelve a conmover. Ella dijo: “la lectura es un camino de comprensión de uno mismo y del otro”. Todo lo que me hizo pensar esta corta frase no creo que pueda resumirlo aquí, pero intentaré decir algo de lo que me hizo pensar: Comparó la lectura con un camino. Camino que hay que recorrer, caminar, andar, pasar; y en ese caminar probablemente nos cansemos, nos desanimemos, nos olvidemos de la meta. Quizá paremos y luego volvamos a retomarlo. Dicen que la idea es disfrutar del camino, de cualquier camino. Porque a veces uno se centra tanto en la meta, en el objetivo a alcanzar y  se olvida de disfrutar del trayecto, del proceso, del camino. Quiero decir la lectura, o particularmente la literatura, nos da placer, nos permite disfrutar, imaginar, nos abre la puerta a otros mundos, otros tiempos, hasta nos permite ser otros, quien queramos ser, quien nos permitamos ser. De todos modos cualquier lectura nos lleva por el camino del conocimiento. Y el conocimiento, la verdad nos hace libres. Asímismo el cansancio siempre aparece en este camino. Y dicen que el cansancio intelectual a veces es peor que el físico… Pero siguiendo con la frase de Anduetto, ella dice que la lectura es un camino de comprensión de uno mismo y del otro… esto me hace pensar en aquello que dice la psicología de que uno proyecta en el otro lo que uno es. En este caso en un texto escrito. Lo que el otro escribió quizá no sea exactamente lo que yo estoy interpretando, sino lo que quiero interpretar, o lo que “puedo interpretar” en base a mis conocimientos, a mi historia personal, a mi ideologías etc. “La literatura como el arte son inquietantes porque no nos permiten conformarnos con lo que ya creemos que sabemos sobre el mundo” diría Marcela Carranza. Es tan apasionante este tema.
Además dice Andruetto que la lectura es el camino de comprensión de uno mismo. No sé por qué tiendo a relacionar esta frase con cuestiones de la psicología: hay terapias en que te hacen escribir. Escribir es sacar y ordenar. Escribiendo uno saca afuera y pone en palabras lo que uno tiene adentro, muy adentro. Además la escritura ordena el pensamiento. Al releer lo escrito uno se identifica, se alivia, se conmueve o se sorprende. Porque esas palabras que salieron de uno, ahora existen más allá de uno. Y… a “las palabras se las lleva el viento” también dicen…
La palabra, la escritura, el lenguaje que temas infinitamente apasionantes.
En relación a esto, quiero mencionar otro texto que me atrapó, me cautivó en este proceso de aprendizaje de este Seminario, que fue el de Daniel Goldin: “La invención del niño. Digresiones en torno a la historia de la literatura y la historia de la infancia”. El primer título es “Escribir antes y después de Babel” y aquí Goldin habla de los problemas que surgen entre los humanos luego de la disolución de aquella lengua primitiva y única, la lengua “adánica”, gracias a la cual los hombres en perfecto entendimiento pretendieron construir una torre para alcanzar el poder divino y rivalizar con Él. Luego de ésto, dice la tradición judeocristiana, Dios castiga al hombre haciéndolos hablar en distintas lenguas y complicando su comunicación y entendimiento porque “cada lengua establece un recorte singular de la realidad. No hay equivalencias exactas. Toda traducción es simultáneamente traición y recreación” dice este autor. Pero además agrega “los lingüistas y los estudiosos se han encargado de explicar que el lenguaje no es solo un instrumento de comunicación, es una fuente de malentendidos, de ambivalencias, de oscuridades y equívocos. No hay palabra no hay frase, desde luego no hay texto que pueda ser entendido de la misma forma por todos y cada uno de los hablantes de una lengua particular. Alguien dice algo e inevitablemente el que escucha entiende otra cosa, pues el lenguaje está lleno de historia, impregnado de afectos, de resonancias, de recuerdos. Cada idioma es una corriente infinita y perpetuamente cambiante, sujeta a múltiples tensiones: por aprehender la realidad, por acotar sentidos, por vencer a lo innombrable, por expresar los sentimientos, por aclarar lo turbio o ambivalente.” Lo que pienso después de todo esto es que aun así nos comunicamos, vivimos y, entendiéndonos o no, el mundo sigue y, creo yo, sigue evolucionando en muchas cosas para bien. Lo cual me resulta sumamente fascinante. Por eso quería compartirlo. Para que reflexionemos sobre el lenguaje, y la palabra oral o escrita. Nuestro lenguaje, nuestro tipo o tipos de lenguaje es el que nos diferencia de los animales y esto no es menor. Vygotsky, por ejemplo, hace un paralelismo entre el desarrollo de la inteligencia y el del lenguaje cuestión que me parece importantísima, sobre todo por nuestra profesión y porque podemos ser instrumentos para que las nuevas generaciones sean personas hablantes, que se expresen, que comuniquen, que usen la palabra como medio para la resolución de cualquier conflicto, considerando lo violenta que está la sociedad últimamente. La violencia aparece donde no está la palabra. Pero siguiendo con el texto maravilloso de Goldin y ahora relacionándolo con la literatura, él plantea estas preguntas: “¿Qué son y que pueden ser las palabras que encontramos en los libros? ¿Son el cuerpo del espíritu o conchas huecas? ¿Cómo son asimiladas por nuestro cuerpo, transforman nuestra conducta y alteran nuestras creencias? ¿Son tan poderosas como suponen los que entregan sus fatigas a la formación de lectores, los que dedican la vida a la defensa de los libros o la multiplicación de lectores? ¿Cuál es el valor de la palabra escrita y leída? Puede la lectura transformar a un sujeto y hacerlo mejor, como suponen las campañas que animamos? ¿Y cómo y por qué suceden esas transformaciones?”

 Y con estas preguntas que dejo para que reflexionemos me doy cuenta que volví a las citas ¿no? Es que estos autores escriben tan bien… y es tan acertado lo que plantean y cómo lo plantean! O tal vez es acertado para mí… porque algo me dice a mi... diferente de lo que pueda decirle a otro. Bueno veo que estoy en un círculo, así que es hora de salir de él, despidiéndome… Que es la mejor manera de terminar este trabajo de una buena vez!!!
Gracias por todo! Por tanto. Me encantó este Seminario! Quedará en mis mejores recuerdos sin duda y en mis mejores dolores de cabeza también. Jaaaa.
Bibliografía.
Larrosa, Jorge. “La experiencia de la lectura”. Barcelona. 2003.

Goldin Daniel. “La invención del niño. Digresiones en torno a la historia de la literatura infantil y la historia de la infancia”. Revista latinoamericana de lectura. Lectura y vida. Coden lviddg. ISSN 0325/8637. Año 22. Diciembre 2001.

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