Mi proceso de escritura
Maria Virginia Dallafontana
Nuevamente me encuentro aquí, frente a esta hoja en blanco,
con el desafío de escribir ante el pedido de la profesora.
La consigna ahora es contar sobre el proceso vivenciado en
este Seminario de Narrativa y Cognición.
Y lo que primero se me viene a la mente son las palabras de
Larrosa:
“Escribes lo que has
leído, lo que, al leer te ha hecho escribir. Lees palabras de otros, mantienes con ellas una relación de
exterioridad. Te pones en juego en relación a un texto ajeno. Lo entiendes o
no, te gusta o no, estás de acuerdo o no. Sabes que lo más importante no es ni
lo que el texto dice ni lo que tú seas capaz de decir sobre el texto. El texto
solo dice lo que tú lees. Y lo que tú lees no es ni lo que comprendes ni lo que
te gusta, ni lo que concuerda contigo. En el estudio, lo que cuenta es el modo
como, en relación con las palabras que lees, tú vas a formar o a transformar
tus palabras, las que tu leas, las que tu escribes. Tus propias palabas. Las que
nunca serán tuyas.
Aíslas lo que has
leído, lo repites, lo rumias, lo copias, lo varias, lo recompones, lo dices y
lo contradices, lo robas, lo haces resonar con otras palabras, con otras
lecturas. Te vas dejando habitar por ello. Le das un espacio entre tus
palabras, tus ideas, tus sentimientos. Lo haces parte de tí. Te vas dejando
transformar por ello. Y escribes.
Empiezas a describir y
otra vez la distancia entre tú y las palabras. Lo que era silencio se ha hecho
bullicio. Lo que era luz se ha convertido en balbuceo. Pero quieres ser fiel a
aquel instante. No para expresarlo, para fijarlo o para conservarlo: nada que
tenga que ver con la apropiación. Tampoco para compartirlo. Todavía no: no
puedes compartir lo que no tienes. Ahora estas estudiando y escribes por
fidelidad, escribes.”
Y podría seguir citando porque me pareció maravilloso el
texto de Jorge Larrosa “La experiencia de la lectura”. El tema es que aquí está
el primer punto: las citas. No puedo dejar de citar. Quizá sea porque “nos
agarramos” de palabras de otros para decir lo que nosotros queremos decir,
porque está escrito tan bien, pragmática, sintáctica semánticamente que qué
mejor dicho que en palabras de estos grandes escritores. Tal vez nos estemos
subestimando, o tal vez “escribir” no es una tarea sencilla realmente. “Escribir
bien” respetando todas las reglas que la escritura implica para que sea
clara y entendible para el lector.
Aunque lo que le pasa al lector al leer algo es un asunto muy distinto… y no
tiene nada que ver con estas reglas… En fin, realmente este Seminario me hizo
reflexionar mucho, como ya he dicho en los trabajos anteriores. Ahora, en este
momento, quisiera contar algunas cosas que me han pasado en todo este proceso,
en todo el tiempo que duró este Seminario que se hizo bastante largo, pero
nunca dejó de ser un desafío, ni de mantenerme expectante, entusiasmada y
ansiosa hasta el final.
Una noche haciendo zapping enganché una entrevista a María
Teresa Andruetto que le hacía un periodista de C5N en el marco de la última Feria
del Libro que se realizó en Buenos Aires.
Con mucho sueño anoté en el margen de uno de los textos que nos dieron para
leer en este Seminario (que tenía cerca de mí, y llevaba a todas partes por
cierto, por si se presentaba la ocasión, un espacio en blanco, para leer) una
frase de esta autora, que ahora encuentro y me vuelve a conmover. Ella dijo: “la lectura es un camino de comprensión de
uno mismo y del otro”. Todo lo que me hizo pensar esta corta frase no creo
que pueda resumirlo aquí, pero intentaré decir algo de lo que me hizo pensar:
Comparó la lectura con un camino. Camino que hay que recorrer, caminar, andar,
pasar; y en ese caminar probablemente nos cansemos, nos desanimemos, nos
olvidemos de la meta. Quizá paremos y luego volvamos a retomarlo. Dicen que la
idea es disfrutar del camino, de cualquier camino. Porque a veces uno se centra
tanto en la meta, en el objetivo a alcanzar y se olvida de disfrutar del trayecto, del
proceso, del camino. Quiero decir la lectura, o particularmente la literatura,
nos da placer, nos permite disfrutar, imaginar, nos abre la puerta a otros
mundos, otros tiempos, hasta nos permite ser otros, quien queramos ser, quien
nos permitamos ser. De todos modos cualquier lectura nos lleva por el camino
del conocimiento. Y el conocimiento, la verdad nos hace libres. Asímismo el
cansancio siempre aparece en este camino. Y dicen que el cansancio intelectual
a veces es peor que el físico… Pero siguiendo con la frase de Anduetto, ella dice
que la lectura es un camino de comprensión de uno mismo y del otro… esto me
hace pensar en aquello que dice la psicología de que uno proyecta en el otro lo
que uno es. En este caso en un texto escrito. Lo que el otro escribió quizá no
sea exactamente lo que yo estoy interpretando, sino lo que quiero interpretar,
o lo que “puedo interpretar” en base a mis conocimientos, a mi historia
personal, a mi ideologías etc. “La literatura como el arte son inquietantes
porque no nos permiten conformarnos con lo que ya creemos que sabemos sobre el
mundo” diría Marcela Carranza. Es tan apasionante este tema.
Además dice Andruetto que la lectura es el camino de
comprensión de uno mismo. No sé por qué tiendo a relacionar esta frase con
cuestiones de la psicología: hay terapias en que te hacen escribir. Escribir es
sacar y ordenar. Escribiendo uno saca afuera y pone en palabras lo que uno
tiene adentro, muy adentro. Además la escritura ordena el pensamiento. Al
releer lo escrito uno se identifica, se alivia, se conmueve o se sorprende.
Porque esas palabras que salieron de uno, ahora existen más allá de uno. Y… a
“las palabras se las lleva el viento” también dicen…
La palabra, la escritura, el lenguaje que temas infinitamente
apasionantes.
En relación a esto, quiero mencionar otro texto que me
atrapó, me cautivó en este proceso de aprendizaje de este Seminario, que fue el
de Daniel Goldin: “La invención del niño. Digresiones en torno a la historia de
la literatura y la historia de la infancia”. El primer título es “Escribir
antes y después de Babel” y aquí Goldin habla de los problemas que surgen entre
los humanos luego de la disolución de aquella lengua primitiva y única, la
lengua “adánica”, gracias a la cual los hombres en perfecto entendimiento
pretendieron construir una torre para alcanzar el poder divino y rivalizar con Él.
Luego de ésto, dice la tradición judeocristiana, Dios castiga al hombre
haciéndolos hablar en distintas lenguas y complicando su comunicación y
entendimiento porque “cada lengua establece un recorte singular de la realidad.
No hay equivalencias exactas. Toda traducción es simultáneamente traición y
recreación” dice este autor. Pero además agrega “los lingüistas y los
estudiosos se han encargado de explicar que el lenguaje no es solo un
instrumento de comunicación, es una fuente de malentendidos, de ambivalencias,
de oscuridades y equívocos. No hay palabra no hay frase, desde luego no hay
texto que pueda ser entendido de la misma forma por todos y cada uno de los
hablantes de una lengua particular. Alguien dice algo e inevitablemente el que
escucha entiende otra cosa, pues el lenguaje está lleno de historia, impregnado
de afectos, de resonancias, de recuerdos. Cada idioma es una corriente infinita
y perpetuamente cambiante, sujeta a múltiples tensiones: por aprehender la
realidad, por acotar sentidos, por vencer a lo innombrable, por expresar los
sentimientos, por aclarar lo turbio o ambivalente.” Lo que pienso después de
todo esto es que aun así nos
comunicamos, vivimos y, entendiéndonos o no, el mundo sigue y, creo yo, sigue
evolucionando en muchas cosas para bien. Lo cual me resulta sumamente
fascinante. Por eso quería compartirlo. Para que reflexionemos sobre el
lenguaje, y la palabra oral o escrita. Nuestro lenguaje, nuestro tipo o tipos
de lenguaje es el que nos diferencia de los animales y esto no es menor.
Vygotsky, por ejemplo, hace un paralelismo entre el desarrollo de la inteligencia
y el del lenguaje cuestión que me parece importantísima, sobre todo por nuestra
profesión y porque podemos ser instrumentos para que las nuevas generaciones
sean personas hablantes, que se expresen, que comuniquen, que usen la palabra
como medio para la resolución de cualquier conflicto, considerando lo violenta
que está la sociedad últimamente. La violencia aparece donde no está la
palabra. Pero siguiendo con el texto maravilloso de Goldin y ahora relacionándolo
con la literatura, él plantea estas preguntas: “¿Qué son y que pueden ser las
palabras que encontramos en los libros? ¿Son el cuerpo del espíritu o conchas
huecas? ¿Cómo son asimiladas por nuestro cuerpo, transforman nuestra conducta y
alteran nuestras creencias? ¿Son tan poderosas como suponen los que entregan
sus fatigas a la formación de lectores, los que dedican la vida a la defensa de
los libros o la multiplicación de lectores? ¿Cuál es el valor de la palabra
escrita y leída? Puede la lectura transformar a un sujeto y hacerlo mejor, como
suponen las campañas que animamos? ¿Y cómo y por qué suceden esas
transformaciones?”
Y con estas preguntas
que dejo para que reflexionemos me doy cuenta que volví a las citas ¿no? Es que
estos autores escriben tan bien… y es tan acertado lo que plantean y cómo lo
plantean! O tal vez es acertado para mí…
porque algo me dice a mi... diferente
de lo que pueda decirle a otro. Bueno veo que estoy en un círculo, así que es
hora de salir de él, despidiéndome… Que es la mejor manera de terminar este
trabajo de una buena vez!!!
Gracias por todo! Por tanto. Me encantó este Seminario!
Quedará en mis mejores recuerdos sin duda y en mis mejores dolores de cabeza
también. Jaaaa.
Bibliografía.
Larrosa, Jorge. “La experiencia
de la lectura”. Barcelona. 2003.
Goldin Daniel. “La invención del niño. Digresiones en torno a
la historia de la literatura infantil y la historia de la infancia”. Revista
latinoamericana de lectura. Lectura y vida. Coden lviddg. ISSN 0325/8637. Año
22. Diciembre 2001.
No hay comentarios:
Publicar un comentario