Popi Duarte
Mi
proceso de escritura no comenzó en este seminario, ni el año pasado, ni en esta
licenciatura, ni siquiera en el profesorado.
Mi
proceso de escritura empezó desde pequeña, podría decir que en los comienzos en
los que me tocaba escuchar. De niña, recuerdo, que mi abuelo se tiraba sobre la
cama y nos contaba unos cuentos interminables y apasionantes de la Biblia. Asi
fue como “El arca de Noé” y “Lázaro” se convirtieron en mis favoritas. Una y
otra vez pedíamos por ellas. Y no recuerdo a mi abuelo haberse negado nunca.
Otro
recuerdo importante de este proceso es aquella biblioteca repleta de libros de
mi abuela. Me pasaba horas mirándolos, aunque mi abuela era muy celosa y
cuidadosa con ellos. Recuerdo que el mueble era altísimo, aunque hoy al tenerla
en mi casa pero con varios libros ausentes, veo que no es tan impactante.
Mi
proceso de escritura comenzó en esos tiempos, cuando con mi experiencia fui
formando mi gusto por leer, mi curiosidad por los libros, mi admiración hacia
los escritores de “decir cosas de otros modos”, de crear realidades
fascinantes.
Cuando
se nos planteó realizar el trabajo acerca de la importancia de ofrecer literatura
a los más pequeños recordé que en el secundario realicé un trabajo sobre este
tema, que en el profesorado tomé como tema de investigación este tema también y
aquí me encontraba yo frente a lo mismo.
Con
el mismo entusiasmo que las veces anteriores comencé a leer el material,
encontrándome con muchos autores desconocidos pero que me cautivaron de
inmediato.
Me
identifiqué con la frase de Graciela Montes “Cuando nos encontramos el adulto
que somos con el niño que fuimos, la famosa polémica realidad/fantasía parece
quedar atrás”. Y no bastó demasiado para dejarme llevar por mis experiencias a
la hora de escribir.
En
la primera corrección la profesora me aconsejó agregar experiencias acerca de
las afirmaciones que escribí, lo que me motivó a seguir ya que veía que venía
por buen camino.
Las
siguientes correcciones fueron del tipo: “falta cita”, “faltan datos”, “poner
comillas”, “quien lo dijo”, por lo que me propuse buscar cita por cita, libro
por libro, comilla por comilla.
La
etapa más atrapante de este trabajo fue ir a la Biblioteca Popular de mi ciudad
y entrar en la sala llamada “Bibliotequita”. Encontré libros de los autores
recomendados por las profesoras y de otros autores menos reconocidos. Me senté
en esos minibanquitos que allí se encuentran y comencé a leer y seleccioné lo
que a mí me gustaba. Leí los libros que encontré interesantes por su
presentación, por las ilustraciones, por los textos. Pensé en qué me gustaba
leer, o escuchar, de niña y qué le gusta escuchar a mis alumnos del jardin, y
así conformé mi canon literario.
Luego
las correcciones fueron más bien del tipo organizacional que del relato en sí.
Cuando
recibí el “aprobado” salté de alegría. Fue como un logro enorme, un desafío
personal cumplido, me sentí realizada. Habrá sido porque puse mucho empeño y
dedicación…
No
puedo dejar de mencionar un párrafo, que incluí en mi trabajo, del libro
Rayuela de Julio Cortázar que resume un poco lo que pienso que hacemos al
sumergirnos en la lectura. Y digo sumergirnos porque allí es donde podemos ser
lo que somos verdaderamente, vivir cómo y dónde queremos, crearnos esas
realidades que tan bien nos hacen, puede llamarse soñar también, y que muchas
veces, sino todo el tiempo, dejamos de lado para ser lo que “debemos ser”, lo
que la sociedad nos pide, comportarnos como “adultos responsables y serios”.
Leemos para volver a sentirnos como niños, sin prejuicios, sin conceptos,
sensibles, ingenuos, despreocupados por la moda, los títulos universitarios,
las noticias, los peligros, las enfermedades, las deudas, la falsedad, y tantas
otras cosas más…
“…Sólo en sueños, en la poesía, en el juego
-encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces a lo
que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos…”
Si
tengo que pensar en qué me motivó en este trabajo diría que fueron las ganas de
aprender, de aprender a decir cosas pero con otras palabras, ganas de saber
cómo algunas personas, llámense escritores, hacen para decir pero de manera
diferente. He aquí mi materia pendiente (suspiros). Pendiente porque, como
muchos, dejo de lado mis anhelos por cumplir con mi trabajo, con las
ocupaciones como madre, hija, hermana. No faltará oportunidad… sólo es cuestión
de encontrar el momento adecuado.
Si
acercamos a los niños a la literatura no sólo estaremos desarrollando su
creatividad e imaginación, si a los niños les enseñamos a decir de otros modos,
a andar por otros mundos, a volar y a
soñar, podrán lograr cualquier cosa que se propongan.

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