martes, 16 de junio de 2015

Dalila Fabellotti

RELATO DE UN PROCESO EN PROCESO
Dalila Fabellotti

Escribir sobre cuál fue mi proceso para realizar el trabajo de narrativa es otro proceso sin dudarlo,  y pareciera ser que ambos comienzan con la misma pregunta ¿qué escribo?
Éste mi querido escrito empezó hace un tiempo atrás cuando las profesoras del taller de narrativa muy sueltas de cuerpo y apasionadamente nos dieron la consigna para el examen final, de esa,  nuestra última jornada del taller salí muy oronda y con cara de “esto es pan comido”!!!.
Después de unas semanas, dossier en mano y apuntes de clases me senté dispuesta a comenzar en tiempo y forma mi examen, sin que faltara el mate y el silencio absoluto, lo único que no encajaba en la escena es que era sábado a la noche así que con cara de “que me importa” y de “no le tengo envidia a los pavos que escriben en el facebook “JUNTADA  DE SÁBADO A LA NOCHE” me dispuse a leer convencida de que era una “heroína digna de ser admirada por semejante sacrificio”
Juro que intento ser sintética,  pero ahora pensando en el proceso para lograr escribir este segundo, dudo lograrlo. Pero más o menos fue así, obvio con alguna exageración que hoy por hoy me la permito, recuerdo haber leído y leído, marcado y marcado hasta que como a las tres de la mañana me dije a mi misma “ahora a esto hay que darle forma”, como quién dice un sábado a la noche pero de fiesta “esto se está poniendo aburrido”. Esa semana todos los caminos conducían a Roma y yo cada vez más convencida que nacía el próximo finde ¡qué ilusa inconsciente!.
El próximo fin de semana llegó, y la supuesta musa inspiradora también, al menos eso creía yo, después de dos horas de dar vueltas y vueltas “como la mayonesa que hacía mamá”, me dije voy a ver si respondo a la consigna y lamentablemente ¡lo hice!, nada de lo que había escrito la respondía!!! Y para peor lo había escrito en una mezcla de quechua con mapuche o guaraní con paraguayo menos en un castellano lógico y coherente capaz de resistir alguna evaluación académica.
La semana que siguió fue igual de frustrante, martille a todo el mundo preguntando ¿cuál era la consigna? y para mi suerte todas eran distintas!, me dije muy bien primera hipótesis descartada “no soy tan animal” o bien, “somos varias!” y con la idea de que no es lo mismo estar sola que acompañada le pasé a la profesora mi primer borrador, debo confesar que dudé que sobreviviera a semejante lectura, pero bueno era ella o yo…después de mandarlo cerré la computadora y me acosté. Hoy digo que suerte que mi marido trabaja los finde semanas si no hubiera vivido el pobre la mismísima transformación actualizada de Gregorio Samsa, representada por mí.
Domingo a la mañana me levanto, mis hijas aún dormían y el sol entraba por la ventana, preparé el mate y juro que había decidido disfrutar de esa paz matinal, prendí la computadora ingresé a facebook y casi muero atragantada con el pan casero! Ustedes dirán que ridícula! , y es cierto ahora recién lo veo así,  pero en ese momento en medio del atragantamiento y la sorpresa leo el mensaje con las correcciones de Angelina Baldengo, quizás ahora me entiendan.
Pensé tantas cosas después de las mil veces literales que leí el archivo y deduje que ella estaba igual que yo los sábados y domingos con una gran diferencia ella ya sabe escribir y yo no. Aún así, no me di por vencida y preferí pensar que era una excelente profesional capaz de responder a mis necesidades al instante y esa semana la recordé tanto!.
Lo cierto es que ya no me quedaba más tiempo después de su respuesta y juro que nade en el dulce de leche, escribí, borré, tomé apuntes nuevos – está bien lo reconozco dije palabras feas – y así hasta que la fecha llegó,  y el que ahora llamamos proceso se hizo tan inminente que me decidí estoicamente a vivir mi propia “muerte de una crónica anunciada” y la imaginé tal cual lo hizo mi querido García Márquez, me sentí Santiago Nasar aunque, él se levantó a las 5:30 hs y yo nunca me acosté y él se fue de juerga y yo no.
Esa mañana me dispuse a entregarlo con valentía, recién esa mañana en el bar de la facultad descubrí que era un proceso – la pucha si procesé me dije -, tanto que no pude olvidarme de todos los que a lo largo de mi vida me lo negaron, de Sarmiento para abajo me acordé de todos, desde mis choznos para abajo no dejé uno parado.
Ahora bien, después de semejante proceso puedo decir algo, puedo decirles que sí he “tomado la palabra” y que si bien mi proceso de escritura es incipiente me prometí no permitirle nunca más a nadie que lo trunque, me prometí ir por la vida de ahora en más sin negarle a nadie, sea niño o adulto,  la posibilidad de tender puentes entre la los libros y la palabra.
Hoy 13 de junio les digo que a “mi proceso” no le interesa más el aprobado, hoy solo le importa “ser”, un “ser libre” que contagie a “otros” para que puedan “tomar la palabra” y hacer su propio destino; con mayor o menor corrección pero si con lo suficiente de locura y  excesiva pasión.
A todas le digo gracias por haber sido parte de “mi proceso” y siendo las 3 de la mañana y para no desentonar les regalo una poesía de José Saer que encontré en el largo recorrido del reencuentro con “mi proceso”.

Poemas de ensueños: “El arte de narrar”
Llamamos libros
al sedimento oscuro de una explosión
que cegó, en la mañana del mundo,
los ojos y la mente y encaminó la mano
rápida, pura, a almacenar
recuerdos falsos
para memorias verdaderas.
Construcción
irrisoria, que horadan los ojos del que lee
buscando, ávidos, en el revés del tejido férreo,
lo que ya han visto y que no está
Porque estas horas
de decepción, que alimenta la rosa
del porvenir donde la vieja rosa marchita
persevera, no quedarán
tampoco entre sus pétalos,
flor de niebla, olvido hecho de recuerdos retrógrados,
rosa real de lo narrado
que a la rosa gentil de los jardines del tiempo
disemina
y devora.
Juan José Saer


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