miércoles, 24 de junio de 2015
lunes, 22 de junio de 2015
Para leer en forma interrogativa Julio Cortázar
Julio Cortazar
Has visto verdaderamente
has visto la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado de verdad has tocado el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has vivido
como un golpe en la frente el instante el jadeo la caída la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que lIorarlos
había que inventarlos otra vez
Sandra Rivero
PROCESO DE
ESCRITURA DEL TRABAJO FINAL DEL TALLER DE NARRATIVA Y COGNICION
Autora: RIVERO, Sandra
Profesora: Angelina Baldengo
Viviana Edsberg
Fecha: 13 de junio de 2015
DESARROLLO:
Durante este proceso
de escritura he encontrado varios factores que influyeron a la hora de sentarme
a leer y escribir, por diversas cuestiones como el trabajo, una beba muy
pequeña, las obligaciones cotidianas de la casa, cuestiones personales
(separación), que en definitiva varias veces atentaron con la elaboración de
esta escritura. Y hasta me han puesto en dudas si seguir o abandonar todo,
dejar el trabajo para el año siguiente, dejar mi tesina y me han llevado a caer
en desesperación y angustia, fueron momentos difíciles en lo personal que
atentaron sobre mi continuidad académica y sobre mi escritura que quizás no
permitieron sacar lo mejor de mí.
Pero a pesar de estos
obstáculos trate de escribir cada vez que surgía algo en mi mente, en
borradores, boletos de colectivos, tapa de cuadernillo, celular, soporte que se
me cruzaba era utilizado para escribir lo que deseaba poner en la elaboración
de este escrito, por supuesto que a veces sucedía que solo escribía frases que
luego me preguntaba ¿ que quise poner acá o para que lo escribí? porque más de
una vez se me venían frases en la mente para tratar de desarrollarlo más
adelante, pero llegado el momento de desarrollarlo no sabía para que lo hice. También
escribí sobre otras cosas y lo eliminaba porque no me convencía, ni hablar de
las veces que abolle o tire hojas borrador porque todo mi proceso de escritura
lo hice a mano alzada, solo al momento de pasar el trabajo me senté frente a la
computadora y lo pase. Generalmente todas mis producciones son así prefiero escribir
a mano alzada todos los trabajos que realizo, al igual que tener los textos
impresos, pero bueno volviendo al proceso de escritura, no me resulto tan
complicado pero quizás si esta escritura no pasaba por algunos de los
obstáculos, yo creo que en particular podría haber dado mucho más y ser algo más
atractivo e interesante de leer, pero mi estado anímico influyo mucho para que
esto no suceda y quizás queden cosas en el tintero por escribir, sin dudas que
este estado de ánimo está lleno de emociones para plasmar en un papel y como un
cofre de tesoros ser descubierto por alguien más para compartir esos
pensamientos que aunque muchas veces pueden ser de dolor o angustias no dejan
de ser atrapantes y emotivos y de gran placer al terminarlos de leer.
Este momento de
escritura y esto que pase al realizar mi trabajo me hizo encontrar este
maravilloso texto que me encantaría compartir parte de el a continuación:
“La soledad de la escritura es una soledad
sin la cual el escribir no se produce, o se fragmenta exangüe de buscar qué
seguir escribiendo. Se desangra, el autor deja de reconocerlo. Y ante todo,
nunca debe dictarse a secretaria alguna, por hábil que sea, y, en esta fase,
nunca hay que dar a leer lo escrito a un editor.
Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir. Nunca hablaba de eso a nadie. En aquel período de mi primera soledad ya había descubierto que lo que tenía que hacer era escribir. Raymond Queneau me lo había confirmado. El único principio de Raymond Queneau era éste: “Escribe, no hagas nada más”. Escribir: era lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. La escritura nunca me ha abandonado.
Mi habitación no es una cama, ni aquí, ni en París, ni en Trouville. Es una ventana determinada, una mesa determinada, ritos de tinta negra, huellas de tinta negra inencontrables, es una silla determinada. Y determinados ritos a los que siempre vuelvo, a dondequiera que esté, incluso en los lugares donde no escribo, como por ejemplo las habitaciones del hotel, el rito de tener siempre whisky en mi maleta en caso de insomnios o de súbitas desesperaciones. Durante aquel período tuve amantes. Se acostumbraban a la soledad de Neauphle. Y según su encanto a veces esta soledad les permitía que, a su vez, escribieran libros. Raramente daba a leer mis libros a esos amantes. Las mujeres no deben hacer leer a sus amantes los libros que escriben. Cuando terminaba un capítulo, lo escondía. En lo que a mí respecta, es tan verdad que me pregunto qué pasa en otras partes y también cuando se es una mujer y se tiene un marido o un amante. En tal caso, también hay que esconder a los amantes el amor del marido. El mío nunca ha sido sustituido. Lo sé, todos los días de mi vida.
Esta casa, esta casa es el lugar de la soledad, sin embargo da a la calle, a una plaza, a un estanque muy antiguo, al grupo escolar del pueblo. Cuando el estanque está helado, hay niños que vienen a patinar y me impiden trabajar. Les dejo hacer. Los vigilo. Todas las mujeres que han tenido hijos vigilan a esos niños, desobedientes, locos, como todos los niños. Pero, qué miedo, cada vez, el peor de los miedos. Y qué amor.
La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola. Porque decidí que era allí donde debía estar sola, donde estaría sola para escribir libros. Sucedió así. Estaba sola en casa. Me encerré en ella, también tenía miedo, claro. Y luego la amé. La casa, esta casa, se convirtió en la casa de la escritura. Mis libros salen de esta casa. También de esta luz, del jardín. De esta luz reflejada del estanque. He necesitado veinte años para escribir lo que acabo de decir. [...]
[...] Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro, como el último hijo, siempre al más amado. Un libro abierto también es la noche.
Estas palabras que acabo de pronunciar me hacen llorar, no sé por qué.
Escribir a pesar de todo pese a la desesperación. No: con la desesperación. Qué desesperación, no sé su nombre. Escribir junto a lo que precede al escrito es siempre estropearlo. Y sin embargo hay que aceptarlo: estropear el fallo es volver sobre otro libro, un posible otro de ese mismo libro.
Ese extravío de uno mismo por la casa no es nada voluntario. No decía: “Estoy encerrada aquí todos los días de año”. No lo estaba, decirlo hubiera sido falso. Iba a hacer compras, iba al café. Pero, al mismo tiempo, estaba aquí. El pueblo y la casa es lo mismo. Y la mesa frente al estanque. Y la tinta negra. Y el papel blanco es lo mismo. Y en lo que a los libros refiere, no, de pronto, nunca es lo mismo. [Texto extraído del libro “Escribir” de Marguerite Duras, escrito en 1993]
Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir. Nunca hablaba de eso a nadie. En aquel período de mi primera soledad ya había descubierto que lo que tenía que hacer era escribir. Raymond Queneau me lo había confirmado. El único principio de Raymond Queneau era éste: “Escribe, no hagas nada más”. Escribir: era lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. La escritura nunca me ha abandonado.
Mi habitación no es una cama, ni aquí, ni en París, ni en Trouville. Es una ventana determinada, una mesa determinada, ritos de tinta negra, huellas de tinta negra inencontrables, es una silla determinada. Y determinados ritos a los que siempre vuelvo, a dondequiera que esté, incluso en los lugares donde no escribo, como por ejemplo las habitaciones del hotel, el rito de tener siempre whisky en mi maleta en caso de insomnios o de súbitas desesperaciones. Durante aquel período tuve amantes. Se acostumbraban a la soledad de Neauphle. Y según su encanto a veces esta soledad les permitía que, a su vez, escribieran libros. Raramente daba a leer mis libros a esos amantes. Las mujeres no deben hacer leer a sus amantes los libros que escriben. Cuando terminaba un capítulo, lo escondía. En lo que a mí respecta, es tan verdad que me pregunto qué pasa en otras partes y también cuando se es una mujer y se tiene un marido o un amante. En tal caso, también hay que esconder a los amantes el amor del marido. El mío nunca ha sido sustituido. Lo sé, todos los días de mi vida.
Esta casa, esta casa es el lugar de la soledad, sin embargo da a la calle, a una plaza, a un estanque muy antiguo, al grupo escolar del pueblo. Cuando el estanque está helado, hay niños que vienen a patinar y me impiden trabajar. Les dejo hacer. Los vigilo. Todas las mujeres que han tenido hijos vigilan a esos niños, desobedientes, locos, como todos los niños. Pero, qué miedo, cada vez, el peor de los miedos. Y qué amor.
La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola. Porque decidí que era allí donde debía estar sola, donde estaría sola para escribir libros. Sucedió así. Estaba sola en casa. Me encerré en ella, también tenía miedo, claro. Y luego la amé. La casa, esta casa, se convirtió en la casa de la escritura. Mis libros salen de esta casa. También de esta luz, del jardín. De esta luz reflejada del estanque. He necesitado veinte años para escribir lo que acabo de decir. [...]
[...] Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro, como el último hijo, siempre al más amado. Un libro abierto también es la noche.
Estas palabras que acabo de pronunciar me hacen llorar, no sé por qué.
Escribir a pesar de todo pese a la desesperación. No: con la desesperación. Qué desesperación, no sé su nombre. Escribir junto a lo que precede al escrito es siempre estropearlo. Y sin embargo hay que aceptarlo: estropear el fallo es volver sobre otro libro, un posible otro de ese mismo libro.
Ese extravío de uno mismo por la casa no es nada voluntario. No decía: “Estoy encerrada aquí todos los días de año”. No lo estaba, decirlo hubiera sido falso. Iba a hacer compras, iba al café. Pero, al mismo tiempo, estaba aquí. El pueblo y la casa es lo mismo. Y la mesa frente al estanque. Y la tinta negra. Y el papel blanco es lo mismo. Y en lo que a los libros refiere, no, de pronto, nunca es lo mismo. [Texto extraído del libro “Escribir” de Marguerite Duras, escrito en 1993]
Daniela Ines Varas
Licenciatura en
Educación Inicial y Primeras Infancias
TALLER DE NARRATIVA Y
COGNICIÓN
Alumna: Varas,
Daniela Inés.
Docentes: Angelina
Baldengo-Viviana Edsberg
¿Cómo me sentí en mi proceso de escritura?
Partiendo de mi
sinceridad y de reconocer mis límites, fue algo que en verdad dejé en claro
cuando dije y cito: “soy un genio
leyendo, un as hablando y para escribir
un oso invernando (…)”, lo cierto es que para escribir si tengo mis
límites, me cuesta enormemente poner un millón de ideas en papel, es como si quisiera plasmar un torbellino de ideas.
También es cierto
que soy una persona extremadamente
paciente, aunque no siempre doy esa impresión, y muy constante “siempre que tropiezo vuelvo a levantarme una
y otra vez”, sobre todo cuando algo se torna un desafío….y sí
Angelina así me lo hizo padecer, … perdón
así me estimuló desde la primera corrección “ no te enojes, veo tu cara,
no está mal(…)pero(…)”, para la segunda corrección “no está mal pero(…)”, y si
así fueron mis siete correcciones, si
,si solo me llevó SIETE.
Yo quisiera saber
quién se banca tantas devoluciones y
encima le agradece a la profesora el compromiso y la dedicación a este
aprendizaje (…), así surgieron también
tantas cosas, pensamientos, recuerdos, miradas, en primer lugar me dije a mi
misma: pobre profesora me da una lástima soy un verdadero dolor de cabeza, que
cuadrada, mira que errores "boludos", que falta de lectura ....
En otro momento
pensé, y sí, para escribir se necesita otra “mirada”, a mí también me hubiese
gustado ver su cara cuando me corregía se habrá arrancado los pelos… menos mal
que los tiene cortos.
Y en este proceso
de escritura tan valioso y que tanto me costó, me trajo recuerdos…comencé con
mamá cuando tenía nueve años y comencé a hacer mis primeras tortas, nunca me
salían altas, o no se me doraban y tenía a mamá que me decía “batí más…no está
mal pero (...) así te va a salir mejor”,
y de hecho hoy se nota que aprendí a
hacer unas tortas caseras que parecen bizcochuelos.
Otro recuerdo,
sobre la madre María, religiosa de la
Congregación de la Divina Pastora (…) cuando aprendí a coser, su frase mortal: “la niña tejiendo y destejiendo, la niña va aprendiendo”, cuantas
veces me hizo descoser, y siempre me decía (…) paciencia ya te va a salir (…) ya vas a aprender cuando menos lo
pienses”, la paciencia es una virtud
que se cultiva a diario.
Así se sumó a mi
recuerdo otra profesora de lengua de séptimo grado, quién nos hacía escribir un
renglón de cada error de ortografía, y nos decía “escribiéndolos varias veces los
van a aprender “.
Y tantos ejemplos…
para Laurita que siempre nos dice “chicas
escriban la agenda diaria, es un ejercicio, es un documento, un registro (…) no voy a olvidar tampoco de Miriam “chicas, los acentos también son un error de
ortografía (…)” y si tantas personas pasaron por mi vida dejando huellas,
queriendo sacar lo mejor de mí y a todas ellas les digo lo mismo que le dije a
la profesora: GRACIAS!!!! GRACIAS!!!! ,
porque con su compromiso sacan, no sólo lo mejor de mí, sino que
además ven más allá de lo que yo misma puedo ver sobre mí.
“NUESTRA RECOMPENSA SE ENCUENTRA
EN EL ESFUERZO Y NO EN EL RESULTADO.
UN ESFUERZO TOTAL ES UNA VICTORIA
COMPLETA”.GANDHI
Instante Wislawa Szymborka
INSTANTE
Wislawa Szymborka
Traduccion Gerardo Beltrán y Abel Murcia Soriano
Camino por la ladera de una verdeante colina.
Hierba, florecillas en la hierba,
como si fuera un cuadro para niños.
Un neblinoso cielo ya azulea.
Una vista sobre otras colinas se extiende en silencio-
Como si aquí nada hubiera de cámbricos, silúricos,
ni rocas gruñéndose las unas a las otras,
ni abismos elevados,
ninguna noche en llamas
Como si no pasaran por aquí llanuras
en febriles delirios,
en helados temblores.
Como si sólo en otros lugares se agitaran los mares
y desgarraran las orillas de los horizontes.
Son las nueve y media hora local.
Todo está en su sitio en ordenada armonía.
En el valle un pequeño arroyo cual pequeño arroyo.
Un sendero en forma de sendero desde siempre hasta siempre
Un bosque que aparenta un bosque por los siglos de los siglos, amén,
y en lo alto unos pájaros que vuelan en su papel de pájaros que vuelan.
Hasta donde alcanza la vista, aquí reina el instante.
Uno de esos terrenales instantes
a los que se pide que duren.
Adalia Betina
Narrativa
de mi experiencia en la elaboración de un canon literario infantil
Alumna:
Adalia Betina
Cohorte:
2012
La
elaboración de éste canon resultó para mí un gran desafío.
En
principio, al plantearse la consigna, creí que resultaría tarea
sencilla;vinieron a mi mente muchos recuerdos de mi infancia( situaciones,
anécdotas, personas, lugares) , ideas de algunos textos que emplearía debido a
que en algún momento de mi niñez me resultaron significativos y algunas
preguntas en relación a su "formato" que supuse podría responderlas
retomando lectura de apuntes de la cátedra e información en páginas de
internet. Pero ello no fué así, en la medida que avanzaba en la lectura
(generalmente por las noches y/o madrugadas cuando mi bebé se dormía y lo
permitía, dado que se encontraba atravesando la angustia de los 8 meses
-cólicos de por medio-y no aceptaba a nadie más que lo haga dormir, ni siquiera
a su papá);ésto implicó que por momentos debiera abandonar y retomar luego.
Como si ésto fuera poco, mientras leía en vez de esclarecerse mis dudas, se
sumaban más y más preguntas, como por ejemplo cómo seleccionar textos que
realmente sean significativos para los niños; cómo hacerlo si al fin y al cabo
ello también depende de la "lectio" de cada persona y al escoger
algunos textos no estamos siendo
egoístas ya que dejamos por fuera un montón de ellos?
Luego
de seleccionar textos y citas que quedaron resonando luego de mis lecturas,
decidí comenzar en la construcción del mismo, que contabilizando los borradores,
llegó a ser el número 4 ( que aún no me deja muy conforme).
Mientras
redactaba venían a mi mente conceptos, ideas, frases que no podía dejar de
considerar y no me permitían avanzar; me parecía que lo formulado hasta el
momento dejaba afuera muchas cuestiones.
Finalmente
y viendo que los tiempos se acortaban, decidí continuar....
Luego
vino el momento de selección de textos ¡qué tarea difícil! Para éste momento
visité dos grandes librerías de nuestra ciudad, busqué en páginas de internet,
consulté la biblioteca del jardín donde trabajo y volví sobre mi memoria para
identificar aquellos que resultaron de mi interés cuando niña y aún perduran.
No tenía muy claro el criterio de selección sobre el que me basaría y mucho
menos, la cantidad de textos que resultaría la "adecuada" , sólo me
dejé llevar y escogí aquellos por distintos motivos: recuerdos de mi niñez, por
haberlos trabajado con mis alumnos y
otros simplemente, por que cuando comencé con la selección me atrajeron
y me pareció "justo"compartirlos.
Creo
que lo único que no me resultó difícil en éste proceso,fue la actividad con las
familias; enseguida supe lo que realizaría.Escogí ésta forma, por el simple
hecho de que la esencia de la literatura, se funda en el disfrute, no se
impone y se comparte.
Más
allá del desafío y "desacomodo" que resultó éste trabajo para mí, les
estoy más que agradecida por "haberme habilitado para la
experiencia", por "crear la ocasión".
sábado, 20 de junio de 2015
Nadia Anaya
Mi proceso de escritura…
Verdaderamente fue intenso, las
profesoras me dijeron en la primera
devolución que me hicieron “… es un proceso y como tal es largo” y así lo fue, varias idas y venidas del texto hicieron que en
cada oportunidad mi mirada sobre el mismo vaya cambiando.
La primera vez que me senté
a escribirlo organice la información que
seleccione de los textos que conformaban el dossier, aquellos que me pareció no
podía faltar en mi trabajo, trate de apropiarme de los mismos para poder
comenzar a realizar mi escritura basada en la reflexión de lo leído una vez
terminado lo envié, unos días después
llego la primera devolución en donde básicamente se me pedía algo difícil de
realizar para mí en ese momento, una búsqueda personal donde encuentre mis vivencias con la
literatura dentro y fuera del jardín.
En ese momento sentí inseguridad,
algo de frustración y porque no mucha desorientación, deje pasar dos días y
comencé a escribir nuevamente esta vez
trate de reflexionar sobre mis practicas, mis experiencias y a éstas
encontrarles relación con lo que leía, también empecé a analizar más
detalladamente los textos y muchas ideas nuevas comenzaron a surgir.
![]() |
| Catedral Santa Fe Capital |
Al pensar cuales serian mis
objetivos en la realización del trabajo, mi panorama siguió aclarándose y esto
comenzó a producir satisfacción en mí y la seguridad para escribir empezó a
volver, así fue la segunda entrega. Por supuesto vino su devolución con humor por parte de las profesoras e iconos de
facebook que nunca faltaron, se me pidió un poco más de mí en la escritura y la
corrección de algunas cuestiones formales que son importantísimas en esta etapa.
A esta altura el famoso
“feedback” que mencionaron las profesoras tantas veces me gustaba, ya no
pensaba en el tiempo que se acortaba para la entrega del trabajo, sino en todo
el cambio que estaba atravesando mi trabajo y en como verdaderamente mi proceso
de escritura fue mutando demandándome que fuera más creativa, más critica con
lo que leía y quería escribir.
El haber pasado por esta
experiencia hizo que me replanteara también como y de qué manera quiero trabajar literatura en las salas por
donde transite durante el desarrollo de mi carrera como docente. Una parte
pequeña de mí está tranquila porque de aquí me llevo varias herramientas de las
que me puedo valer, así como también muchas preguntas a las que quiero seguir buscándole
las respuestas.
Nadia AnayaMaria Josefina Centis
TALLER DE NARRATIVAS Y COGNICION
PROCESO DE
ESCRITURA:
Al sentarme y ponerme a pensar sobre mi proceso de escritura lo primero que se me vino a la mente fue… una hoja en blanco o un punto sobre la hoja en blanco. Que difícil fue sentarme y escribir el trabajo, cuanto me costo entender la consigna, cada vez que intentaba empezar a mi mente llegaban las palabras de… ¿y si así no es?, ¿y si me equivoco?, ¿como era lo que dijeron las profesoras? , ¿Y si mejor vuelvo a revisar que escribí de la consigna? , ¿Y si miro otra vez el grupo de Facebook para ver si dice algo mas?.. DUDAS, dudas y más dudas. Como resalta que estamos acostumbradas a tener una consigna escrita a la cual se la puede leer y releer, y en la cual existen pautas determinadas.
Costo, costo mucho.
Hasta que una noche me senté y empecé, la urgencia se estaba apoderando de mí.
Realice el primer borrador, pocos párrafos, en los cuales vino a mi mente
experiencias de mi pasado, recuerdos de mi infancia, y un poco de angustia por
personas que ya no están al lado mío. Lo envíe. Aunque me seguían de cerca las
dudas, ya a lo último pensando que sea lo que sea, las profesoras me guiaran
mejor. Y como respuesta recibí: “ud va
muy bien... un placer leer... solo te corregí tema cita y un palabra que se pelea
en su concepción semántica con todo tu planteo... si no entendes
pregúntame..... Espero mas.” Y me dije… ¡pucha!! Tendré que seguir solita jaja.
El segundo borrador me costo mas, busque libros de una biblioteca, pensando que
seria bueno poner cosas también de otros textos, leer un poco mas. Pero la
corrección no fue buena, y me angustie un poco, hasta que decidí tomar coraje,
agarrar los apuntes, y comenzar a ESCRIBIR de verdad, haciéndole caso a mi
corazón y a mi mente. En eso me toco de cerca el video de “El punto”, de Henry
Reynolds y me dije porque yo no? Y ese fue mi comienzo…
Después de haberlo
entregado, miro hacia atrás y me doy cuanta todo el aprendizaje que surgió de
una simple consigna oral, y a la vez el gran reto que nos pareció a nosotras como
alumnas. Un reto apasionante, y también difícil! No hay una manera única o método para
escribir, cada una debía encontrar el suyo y cuanto nos costo hacerlo de forma
individual a esto. Cuanto nos costo encontrarnos a nosotras mismas para
hacerlo.
Creo que fue una
nueva didáctica para la escritura, en donde aprendimos muchísimo y aunque la
mayoría padeció la introducción de escribir, luego terminamos todas queriendo
mas, mas escritura, mas lectura y mas Narrativas.
(Y para terminar
puedo decir que: Siguen mis dudas… ¿esto tenía que escribir? Jajaj)
GRACIAS PROFES POR MOVILIZAR NUESTROS PENSAMIENTOS!
Alumna: Ma. Josefina Centis
Roberto Juarroz
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Roberto Juarroz
Miro un árbol.
Tú miras lejos cualquier cosa.
Pero yo sé que si no mirara este árbol
tú lo mirarías por mí y tú sabes que si no miraras lo que miras yo lo miraría por ti.
Ya no nos basta mirar cada uno con el otro. Hemos logrado que si uno de los dos falta, el otro mire lo que uno tendría que mirar.
Sólo necesitamos ahora fundar una mirada que mire por los dos lo que ambos deberíamos mirar cuando no estemos ya en ninguna parte.
Maria Sofia Chacón Ramirez
Alumna:
Chacón Ramírez, Ma. Sofía
“Mi
proceso con la escritura”
Proceso complejo el
de escribir, si lo sabré, primero buscar
la ocasión y concentrarse en un ambiente calmo y silencioso (algo
bastante imposible con la chiquita agarrada de la pierna, gritando “mami”,
trepando encima mío y escuchando los berrinches en el suelo reclamando
atención). Luego lo intento nuevamente, me voy al dormitorio
buscando paz (¡que utópico!), y allá van ellos también; la chiquita que me abre
la puerta y dice “¡ah ta mami!” y el padre corriendo atrás, gritando ¡Clara
vení acá!, ¡deja que mami está estudiando, no te puede atender!, ¡no toques!,
¡deja eso!, ¡cuidado Clara!, etc., hasta que escucho el ruido de algo que
rompió y la voz descolocada del padre diciendo ¿podes venir a ayudarme?... así
que bueno, quedará la escritura para otro momento… me voy a juntar vidrios.
En un segundo
intento, más relajada y con buena predisposición, me dispongo corporalmente con
la espalda erguida, tratando de pensar…, leo un poco más de teoría, analizo
mentalmente lo que deseo escribir, hilvano una idea con otra y digo para
mi…¡si, si, si, eso es lo que quiero poner!... y justo cuando las palabras
están por plasmarse en el papel, comienza la tríada problemática entre padre-
nena-ropa. El dialogo se resume así:
Papá- ¿Qué ropa le pongo?
Mamá- fíjate, lo que quieras,
estoy estudiando…
Papá- no lo que quieras no,
porque si no le combinan los colores de la ropa te enojas.
Mamá- ¡ ponele lo que quieras te
dije!
Papá- ¿te parece este rojo?
Mamá- no, con eso va rosado
Papá- pero hace calor para el
pantalón rosado…
Mamá- ¿ entonces para que me
preguntas?
Durante este diálogo
he perdido ya 15 minutos de mi concentración, así que en definitiva me voy a
vestirla yo. Este escrito literario continuará a la brevedad.
En un tercer momento
me dirijo hacia el patio, sentándome en el sol, y buscando la concentración
nuevamente, escribo un párrafo (¡por fin salió!) …hasta que vienen mis perros y de un salto me tiran todos los
papeles que tenía. Recojo los papeles y lo intento de nuevo, ya los perros se
calmaron…escribo tres párrafos más… y aquí…comienza la odisea del almuerzo:
Papá- amor…¿queres que cocine?,
¿Qué queres que haga?
Mamá- lo que quieras!!!
Papá-¿ te parece una tarta de
acelga?
Mamá- si (seco y rotundo con un
tono de fastidio)
Papá- ¿Cómo es que se hacía?
Mamá- dejá, ya está!. (aquí es el momento en que me
levanto enfurecida, tirando todo lo escrito, y dejo la literatura hacia un
costado pensando ¿Quién me mandó?
Pero en un momento
dado lo logro, hallo el equilibrio entre lo que podría denominar como una
combinación de inspiración, clima tranquilo y soledad. Las palabras van
saliendo, y se juntan formando oraciones que expresan mis ideas, y así continúo….
No es tarea fácil…hay que darle cohesión y coherencia a los párrafos.
Así, si tengo que
describir como fue mi proceso de escritura lo definiría como complejo, por las
situaciones personales del contexto al que hice mención anteriormente. Creo que
el tiempo es la clave, y a veces no lo tenemos, lamentablemente no podemos
agregar horas al día.
Podría decir además
que todo este trayecto realizado, tuvo constantes interrupciones, como las que
he mencionado y otras que prefiero no
entrar en detalles…fue bastante difícil, pero no imposible.
Pienso además, que el
gusto por escribir está presente en mi vida y anhelo tener más tiempo para
hacerlo, simplemente para volcar en el papel lo que me gusta. Creo que poder
expresar una vivencia, los sentimientos o simplemente lo que uno quiera decir a
través de la escritura es algo que causa placer, no importa como salga, solo se
que no tiene precio y también soy consciente que el estado anímico de una
persona influye en esas palabras que nacen. Por ello, durante
estos minutos que transcurren a medida que deslizo la birome, me siento
positiva y valoro lo realizado porque
fue un logro solamente mío, sin ayuda, sujeto a mis emociones. Por eso no me
importa cuánto valga este trabajo cuantitativamente, solo se que en mi propia
escala cualitativa tiene valor… y mucho.
viernes, 19 de junio de 2015
Ana Tucci
Puffff!!!!!!,
que escribir!!!, es lo primero que paso por mi cabeza luego de tanto tiempo de
no dedicarme a la escritura y con la mano dura… pero poco a poco, la mano se va
ablandando y las palabras e ideas van apareciendo y entonces comienzo a
entusiasmarme y de repente me encuentro con que no puedo dejar de escribir,
aunque todavía siento ese miedo a equivocarme, a “hacer el ridículo”, pero no
importa, continuo escribiendo…
Sintéticamente
y metafóricamente puedo decir que algo así fue el proceso que he ido viviendo
en todo este tiempo que hemos compartido. He pasado por varios estados de
ánimo, en ocasiones me sentía cansada, desganada, por momentos me ganaba la
ansiedad y me sentaba en la compu y me decía a mi misma: “Ana, ponete las
pilas, vos podes!!!”. Debo confesar que me sirvió mucho leer lo que mis
compañeras iban escribiendo y subiendo al face, eso era como un “empujoncito”
que me alentaba y hacía que surgieran más ideas.
Ahora,
en este preciso instante, disfruto de una taza de café mientras escribo y
siento a la escritura como algo “natural” que hay que dejar salir, y espero ya no dejar de
escribir más y poder seguir disfrutando de este bello hábito.
Espanrapájaros Oliverio Girondo
Espantapájaros 18
Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
Sol Morván
LICENCIATURA
PRIMERAS INFANCIAS
REFLEXIÓN
INDIVIDUAL
MARÍA
SOL MORVAN
Profesoras: Ángela Baldengo Viviana Edsberg.
Cohorte: 2012
El cursado
del “TALLER DE NARRATIVAS Y COGNICIÓN” me significo embarcarme en un proceso
diferente de encuentro como lector con la literatura.
La consigna
del trabajo final me sumergió en un camino de lectura, mas lectura y mas
lectura, siempre encontraba un textos que invitaba a dedicarle un tiempo de
concentración.
Al momento
de sentarme a escribir este ultimo pedido de las profesoras, tuve la necesidad
de volver a leer el texto de Graciela Montes “la gran ocasión: la escuela
como sociedad de lectura”, ya que en cada subtitulo, en cada párrafo y
en cada palabra se escondía para mi una inexperta lectora un gran mensaje, como
dice su autora una gran ocasión, y por lo tanto una gran oportunidad para
iniciar un nuevo camino donde leer vale la pena…
Destaca los
siguientes párrafos que resultan ilustrativos del proceso que he transitado en
este taller:
“Leer y escribir van siempre juntos. Por eso
resulta tanto mas sencillo ponerse a escribir cuando uno “tiene algo que
decir”, ha atrapado alguna significación, por así decir… y viceversa, resulta
tanto más sencillo ponerse a leer cuando lo que uno lee “le dice algo”, es
decir, de alguna forma, podría, eventualmente, haber sido escrito por uno… y
por eso es tanto más aventurero, tanto más inquietante, ponerse a escribir sin
saber de antemano todo “lo que se va a decir”, leyendo- escribiendo al mismo
tiempo, o , desde el otro lado, ponerse a leer algo que no es exactamente lo
que se esperaba leer, algo que deberá ser “reescrito” mientras se lo lee.
“La del lector es una postura única,
inconfundible, que supone un cierto recogimiento y una toma de distancia, un
“ponerse al margen” para, desde ahí, producir observación, conciencia, viaje,
pregunta, sentido, critica, pensamiento….”
Rosalia Micaela Soloaga
Mi proceso
de Escritura.
Soloaga
Rosalía Micaela
En el
momento de pensar sobre mi proceso en cuanto a la escritura, se me vienen a la mente muchas
cosas por escribir.
Sin
lugar a dudas he notado un avance en lo
referido a mi seguridad a la hora de escribir. He logrado dejar de lado mi
miedo, ¿Qué miedo? Miedo al qué dirán. Así fue, en ese momento decidí seguir a
mis deseos más que a mis estructuras. Allí comenzó mi desafío, ya que el tiempo
no alcanzaba con tantas cosas por escribir, sintiendo nuevamente ese gustito
por ver aparecer palabras con sentido, sintiéndome verdaderamente autora de cada una de ellas. Y
con ese desafío aparecían algunos recuerdos…
Recuerdo
que desde muy pequeña, mis deseos por escribir estuvieron presentes. Pero,
sobre todo en esos momentos en donde el amor, el dolor, pisaban fuerte,
llevándome a tomar un lápiz y escribir lo que me sucedía. Allí aparecían esas
palabras que no salían, quedando atrapadas entre dientes pero escritas en algún
papel, cuaderno, que al instante de ser escritas y encontrando la libertad volvían a ser presas por mi vergüenza. Esos
escritos permanecían ocultos en algún libro o cuaderno y de allí no salían.
Cuantas palabras escondidas en algún lugar.
Solo por el miedo al qué dirán.
Pasando
los años, me he encontrado ante situaciones de inhibición, sobre todo al
utilizar los medios de comunicación, como una lucha interna y externa de qué
publica. Por momentos, me inundaban deseos de compartir cuentos, poemas, pero,
nuevamente el qué iban a pensar se apoderaba de la situación, limitándome a
hacerlo.
Hoy, el
qué dirán quedó atrás. Hoy aprendí, aprendí a llevar en mi cartera un cuaderno
y lapicera, no solo por el hecho de tomar datos necesarios, sino también para
escribir aquello que aparece en mi mente galopante, insistente por salir.
Galopante por la necesidad de quedar plasmado en un papel. Luego lo releo y
agrego, agrego ideas o simplemente pareceres.
Siento
ese deseo de escribir, inquietante, insistente, cuando por algún motivo mi
mente viajó y vuelve con algún pensamiento, como diamante en bruto, pero de
palabras. Pero sigo, y no queda en eso. Una y otra vez le iré dando forma.
Siento
la necesidad de escribir y no solo en esta ocasión, también en muchas otras…
Siento
la necesidad de comunicar, y sin miedo al qué dirán. Escribo y vuelvo a
escribir. Me encuentro en una ida y vuelta. Me gusta lo que escribo y por
momento ya no me gusta. Lo vuelvo a leer, las palabras me piden que las cambie
por otras y pienso. ¡Ahora sí! Me animo
a leer y me gusta. Me gusta tanto que quiero compartirlo.
Melina Tustanovsky
U N L
Facultad de Humanidades y Ciencias
LICENCIATURA EN EDUCACIÓN INICIAL Y PRIMERAS INFANCIAS
“Taller de Narrativas y Cognición”
Trabajo final.
Autora: Melina Tustanovsky
Profesora: Angelina Baldengo
Viviana Edsberg
Año: 2015
Para llegar a esta instancia, fue largo el
camino que he recorrido, muchos los obstáculos que se presentaron pero
sorprendentes los logros realizados.
Sin lugar a dudas, dar lugar a la escritura,
no ha sido una tarea sencilla. El temor de no saber qué decir fue el
protagonista en un primer momento, poco a poco se fue transformando en temor de
no saber cómo decirlo, pero una vez dicho comenzó a aflorar la incertidumbre
acerca de la claridad que tenia aquello que decía. Poco a poco estos temores y
dudas fueron mermando, hasta alcanzar el
disfrute y goce de escribir, de expresar, de compartir aquello que tenía
que para decir. Sobre todo, se fue el temor de contar con la certeza de si era válido o no compartir aquello que pensaba.
Fue allí en donde comencé a disfrutar y tener más y más ansias de escribir y
reescribir ese torrente de ideas, pensamientos
y sentimientos más o menos claros que iban apareciendo y que poco a poco
les iba dando forma, forma de palabra. Con significados más o menos claros, más
o menos compartidos, certeros, pero sin
lugar a dudas plenamente honestos.
Allí comenzó una especie de juego en donde
las reglas iban siendo formuladas a medida que relataban aquello que pretendía escribir. Un
juego libre de prejuicios, un juego en donde el desafío constante era quebrar
esas reglas tan estructuradas y rígidas que yo misma había construido alrededor
de lo que pensaba que era escribir, narrar, contar eso que sostenía como válido
para que otros lean.
Leerme no era nada sencillo, releerme, luego
de unos días después de haber escrito, mucho menos. Pero la puerta ya estaba
abierta, ya me había dado lugar para jugar y habilitar expresarme por medio de
la palabra escrita. Y así pasaron los días y comencé a jugar cada vez mas
liviana, segura, disfrutando de aquello que hacía, sin sentir presiones de
ningún tipo y estimulada por el humilde hecho de jugar con mis palabras. Jugar
a que esas palabras suenen disparatadas, serías, creíble, descabellada,
graciosa, demasiado sincera, y así, y así y así…
En este proceso aparecieron recuerdos,
anécdotas, sentimientos, emociones, olores, lugares, personas, que fueron el motor de mis escritos, que
alimentaban una y otra vez cada cosa oración que escribía, cada idea que
aparecía.
Sin lugar a dudas fue una experiencia
enriquecedora, de mucho aprendizaje y sobre todo, liberadora y placentera a fin
de cuentas.
Sin una consigna clara, las experiencias
fueron tan variadas como provechosa. Y han dejado, finalmente,
no sólo un trabajo para la
licenciatura sino un gran descubrimiento y conocimiento personal en
torno al acto de escribir, como así también, enormes ansias de continuar
haciéndolo.
Alejandra Pizarnik
Una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos
Lorena Vergara
Lorena Vergara
UNL, 13 de junio de 2015
“Magda Lemonnier recorta palabras de los diarios,
palabras de todos los tamaños, y las guarda en cajas. En caja roja guarda las
palabras furiosas. En caja verde, las palabras amantes. En caja azul, las
neutrales. En caja amarilla, las tristes. Y en caja transparente guarda las
palabras que tienen magia. A veces, ella abre las cajas y las pone boca abajo
sobre la mesa, para que las palabras se mezclen como quieran. Entonces, las
palabras le cuentan lo que ocurre y le anuncian lo que ocurrirá”. (Eduardo
Galeano)
| " La torre de Babel "M.Minujin |
Respecto al proceso de escritura puedo aseverar que comienza desde el primer
momento que la cátedra Narrativa y Cognición se pone en marcha, ya que los
textos estructurados mentalmente por mí,-desde la biografía personal y
profesional-, fueron des-empolvándose y re-estructurándose con la escucha
atenta y con las lecturas de los textos de autores reconocidos, narrativas,
videos, documentales, vivencias, diálogos en clases, en facebook, etc., que las
profesoras y compañeras fueron aportando en el transcurrir del seminario.
Ahora bien, esos aportes “inauguraron, fundaron un nuevo texto”,- en palabras de Graciela
Montes-, que necesitó pasar por distintos momentos en la construcción:
maceración, búsqueda de distintos condimentos, investigación, reposo; y...
entre mezcla y mezcla se logró obtener el producto final.
Debo aclarar que en todo momento estuvo la “pregunta” acerca del por qué hacemos lo que hacemos en
las salas del jardín respecto al tema que nos convoca: la Literatura como “manifestación
artística”; puedo decir que el resultado fue ¡¡¡Impactante!!!, donde por
momentos apareció la caja roja y en otras, la caja amarilla ya que el acto
cognoscitivo de de “Análisis de la práctica” realizó modificaciones en la forma
de pensar.
Descubrir que la práctica diaria de la Literatura en los
jardines,- en la mayoría de los casos- coarta la imaginación y la fantasía de
los niños y las niñas, fue un proceso doloroso de aceptación ya que uno se mira
interiormente y se da cuenta que también es responsable de ello, y más aún, que
las políticas educativas han contribuido y contribuyen constantemente a esa
reducción que verdaderamente de
una u otra manera descuidan al niño como Sujeto de Derecho (Pablo Pineau).
Desde este punto de
vista, entonces, considerar a la Literatura como “Polifonía de lenguajes”, en
sugerencia de Angelina, permite descubrir el poder de la palabra, el de
habilitar “nuevos mundos posibles” pero para ello es imperioso cuidar esa
fragilidad de los más pequeños.
Les dejo el siguiente
poema y las invito a pensar.
Cuida de mis labios cuida
Cuida de mi risa
Llévame en tus brazos llévame sin prisa
No maltrates nunca mi fragilidad
Pisaré la tierra que tú pisas
Cuida de mis manos, cuida de mis dedos
Dame la caricia que descansa en ellos
No maltrates nunca mi fragilidad
Yo seré la imagen de tu espejo
Cuida de mis sueños, cuida de mi vida
Cuida a quien te quiere
Cuida a quien te cuida
No maltrates nunca mi fragilidad
Yo seré el abrazo que te alivia
Cuida de mis ojos, cuida de mi cara
Abre los caminos dame las palabras
No maltrates nunca mi fragilidad
Soy la fortaleza de mañana…
Cuida de mis sueños cuida de mi vida
Cuida a quien te quiere cuida a quien te
cuida
No maltrates nunca mi fragilidad
Yo seré el abrazo que te alivia.
(Pedro Guerra y Jorge Drexler)
Muy agradecida a todas
por el tiempo vivido… hasta un nuevo momento donde la palabra fluya en
libertad, transparente y de todos los colores… Sigamos abriendo cajas.-
Lorena Vergara
UNL, 13 de junio de
2015
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